martes, 26 de enero de 2010


Bajo los gestos del amor, todos somos niños. Niños con hormonas. Cuando entras al amor y mirás bien la calle te das cuenta de que aquella chica busca marido, que aquel tipo sufre por amor que aquella señora ha sido abandonada, que a aquel desgraciado le falta cama, que aquel veterano está por separarse de su esposa y que aquel pibe está enamorado y no lo sabe. Hablan todo el día de una cosa, pero en verdad les pasa otra. Se manejan con un lenguaje formal, y de pequeñas dificultades hacen grandes problemas, se inventan formidables excusas y costruyen edificios enteros para distraerse de la necesidad básica y elemental. La única necesidad del ego: amar y tener. La única cosa fisiológica y sentimental que nos permite escapar de la muerte.El amor verdadero siempre es correspondido porque nadie puede resistirse al tremendo halago que significa la entrega incondicional del otro.Las chicas buenas no resisten que las quieran con todo el corazón, y si es una chica mala, mejor perderla que encontrarla.La verdad es esta: somos mamíferos. El león deja su cueva y se va con otra leona sin remordimientos. Lo hace siguiendo su instinto vital. Nosotros, en cambio, somos mamíferos refinados, nos cortamos las uñas y nos vestimos con ropa elegante, jugamos a ser racionales pero nunca dejamos de ser animales sublunares. Hemos construido cultura y religión sobre ese instinto, y entonces practicamos la culpa y no queremos dañar a la leona que dejamos.La conclusion a todo esto es que el amor es muy puto, y no hay nada que se pueda hacer para cambiar esta definición.

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